Pere Serret Besa.-

 

El odio es un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo. El odio no es justificable desde el punto de vista racional porque atenta contra la posibilidad de diálogo y construcción común. Es una intensa sensación de desagrado. Se puede presentar en una amplia variedad de contextos, desde el odio de los objetos inanimados o animales, al odio de uno mismo,  grupos enteros de personas, la gente en general, la existencia, la sociedad, o todo. Aunque no siempre,  a menudo se asocia con sentimientos de enojo. Mahatma Gandhi (Gran pensador y político indio), manifestó en cierta ocasión: “El odio nunca es vencido por el odio sino por el amor”.

La venganza consiste en el desquite contra una persona o grupo en respuesta a una mala acción percibida. Vengarse se interpreta como es “equilibrar la balanza”, y ello tiene como consecuencia que muchos aspectos se asemejen al concepto de justicia, haciendo que la diferencia entre los conceptos de venganza y justicia pueda parecer difusos. La venganza persigue un objetivo injurioso antes que reparador. Consiste en forzar a quien haya hecho algo malo en sufrir el mismo dolor que él infringió, o asegurarse de que esta persona o personas no volverán a cometer dichos daños otra vez.

La venganza es como el café, por más azúcar que se e ponga, siempre deja un sabor amargo. Si nos preguntamos qué diferencia existe entre el odio y la venganza. La discrepancia es sencilla y sutil: “Rencor u odio es un resentimiento y en cambio la venganza es un acto motivado por el rencor u odio”.

Para eliminar el odio no es necesario perdonar. Hay situaciones graves donde el perdón no sería lo recomendable, pero deberíamos igualmente tratar de quitar el rencor para quedarnos nosotros en paz, para que dentro de uno quede todo resuelto de una manera sana. Un fuerte rencor, muchas veces, nos puede conducir a querer vengarnos, pero lo que sí es cierto es que eso empeora aún más el malestar interior.

Jack Kornfield (Se formó como monje budista en Tailandia) pronunció esta frase: “ El corazón es como un jardín. Puede crecer la compasión o el miedo, el resentimiento o el amor. ¿Qué semillas plantarías allí?.

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