Pere Serret Besa.-

 

 

La desconfianza es una amenaza, nunca mejor dicho, a nuestra felicidad, por qué   el que desconfía anticipa algo negativo. Aristófanes (Dramaturgo griego), dijo una vez: “La desconfianza es la madre de la seguridad”. Además de provocar miedo y ansiedad, torpedea las relaciones sociales e impide que gestiones tu vida con serenidad.

Todos o mayoritariamente tenemos en nuestras cabezas el significado de desconfianza, lo interpretamos como falta de confianza o esperanza en alguien o algo. Todos hemos desconfiado alguna vez de alguien, unas veces con todo el sentido y lógica del mundo y otras nos hemos dado cuenta del sin sentido de nuestra suspicacia. La principal función que le atribuimos es de protección. De barrera contra lo que hay fuera de nosotros que amenaza nuestra integridad en todas sus manifestaciones. Las personas en tal sentido, suelen ser personas temerosas, con una idea del “yo” bastante deprimida, lo que hace que se sientan tan vulnerables que se tengan que proteger casi continuamente y de cualquier situación.

Las personas desconfiadas suelen tener problemas de relación, ya que interpretan cualquier acto como un ataque y suelen sentirse heridas muy fácilmente, siendo incapaces de olvidar esa agresión interpretada por mucho tiempo. A veces tendríamos que buscar el equilibrio. “La virtud está en el término medio” Y ¿cómo llegar al término medio, os preguntaréis?. Confiar en uno mismo es la clave, se consigue una fuerza que te protege de cualquier obstáculo. Confiar en la verdadera intuición, y aprender de la experiencia, son formas prácticas de llegar al término medio.

Indira Gandhi (Estadista y política hindú), hizo mención  a estas palabras: “La desconfianza es una señal de debilidad”. Si nuestra personalidad es segura y fuerte y nuestra autoestima es adecuada, no habrá lugar para el miedo de una amenaza al prójimo, sea real o inventada, propia de la desconfianza. La desconfianza crea espinas en el amor y la sinceridad las desaparece. El perdón no se le niega a nadie, pero la confianza nunca se recupera.

Lo  realmente importante en esta vida no es tener alguien con quien salir, sino alguien con quien que valga la pena quedarse. A través de los ojos podemos ver quien nos quiere, pero solamente a través del tiempo sabremos quién nos ama.

La persona confiada no tiene por qué ser excesivamente optimista. Es una persona que cuenta con que le pueden fallar. Pero se siente con la confianza suficiente como para superarlo en el caso en que ocurra. Es muy importante no hacer juicios de valor. Antes de tomar una decisión en deducir que significa algo, trata de comprobar o preguntar. No seas vulnerable, no te creas una víctima. Se fuerte, incluso cuando te fallan. Se trata de aprender a levantarnos cuando nos caemos.

Este gran novelista dramaturgo alemán. (Johann Wolfgang), pronunció una vez esta frase: “Desconfiar siempre es un error, confiar siempre, también lo es”.

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