Antonio Sanz (Lleida)

Hace tres años en Cataluña diversas entidades de la sociedad civil convocaron un referéndum sobre diferentes cuestiones sociales, el denominado “multirreferéndum”, que se planteó en más de 130 municipios, entre ellos en Lleida. Al gobierno de Convergencia y Artur Mas no le hizo ninguna gracia que se pusieran las urnas y el departamento de interior envió a los Mossos d’Esquadra para paralizar el referéndum. La policía del gobierno catalán requisó urnas, hubo 500 identificados y 10 personas fueron denunciadas por desobediencia.

 

Lo que ocurrió entonces es la demostración palpable del cinismo del invento del ‘derecho a decidir’, solo para lo que interesa a los dirigentes catalanes. Tras sus grandilocuentes frases siempre repletas de la palabra “democracia”, está sencillamente la ley del embudo. Resulta que para que la gente exprese su opinión sobre cuestiones sociales, no se pueden poner urnas. Pero para que la clase dirigente catalana tenga un estadito donde lo controlen todo y el 3% pueda quedar impune, sí. ¿Y aún hay gente de izquierdas que les hace el juego?

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